Son muchas las personas que cada día demuestran que son héroes. En silencio, sin aplausos ni reconocimientos. Suelen confundirse con la multitud y tan sólo aquellos que tienen a su vez un elevado espíritu los pueden identificar.
No dependen del qué dirán y sí siempre de cumplir con su deber. Gente sólida, inquebrantable en sus principios y con una incansable búsqueda de la perfección cotidiana.
Su rostro es agradable, risueño y con un aire diferente. Son gente dedicada a su labor y se les nota su bondad. ¿Conoces a alguno? No te alejes de él, tu vida se beneficiará.
En otro apartado más visible podemos encontrar a gente que se esfuerza día a día en hacer las cosas bien, en no fallar en sus quehaceres y que también son dignos de tener en cuenta. No dependen del reconocimiento ajeno, porque si así fuese no harían nada de lo que hacen. Aquí podemos encontrar a amas de casa, enfermeras, médicos, bomberos, policías, militares, y un sinfín de profesiones que dejan a un lado sus gustos y quehaceres personales en un segundo plano por un bien mayor. Son esos pocos que todavía hoy siguen una “vocación” un impulso interno que les obliga a hacer lo que tienen que hacer y nada más.
Los héroes secretos están por todas partes y en las circunstancias más difíciles resplandecen como auténticas joyas. Muchos son los casos de gente que ha dado su vida por los demás sin esperar recibir nada a cambio.
En la terrible segunda guerra mundial, se produjo un ejemplo de los muchos que ocurrieron y que siguen en el anonimato. Todos ellos nos enseñan la valentía de los verdaderos héroes. Una mujer sencilla y que no tenía ningún problema dado que era alemana logró salvar a 2500 personas de los guetos y de la muerte. Fue detenida y torturada partiéndole las piernas y los pies sin lograr sus captores que aún así revelase el paradero de aquellos a los que había salvado.
Fue condenada a muerte y antes de que ésta se produjese, la resistencia tomó el lugar dónde estaba detenida.
Aún hoy en día que su caso fue rescatado por los medios de comunicación poca gente conoce el caso de Irene Sandler. Fue una heroína como otros que nos sirven para tomar ejemplo del amor en su entrega más absoluta. Esta gente nos enseña que no sólo existe el mal y la oscuridad en el mundo y que la esperanza en el ser humano nunca ha de faltar.
Un sencillo y emocionado homenaje a todos ellos.
IRENE SENDLER



Somos por lo general gente muy hábil con el uso de las excusas, todo tiene una explicación cuando hacemos algo mal. Todo es por el motivo de algo, o bien es la consecuencia de algo que minimiza nuestras malas actuaciones.
Esto siempre es así, sin embargo no siempre nos damos cuenta de nuestra responsabilidad sobre los que nos ocurre debido sobre todo a esas excusas que enmarañan y lo embrollan todo. No hay que dejar que “las hojas no nos dejen ver el bosque”, la sinceridad, el aceptar nuestros actos con entereza y el firme propósito de mejorar nos lleva sin lugar a dudas a ser más y mejores personas. Esta actitud tiene como recompensa el ser más felices día a día. ¡¡Merece la pena!!
